Juan José Blázquez y Gutiérrez tenía la misma edad que mi primo cuando se examinaba de latín cuando se dio cuenta que lo que más quería en esta vida era ser sacerdote. Sacerdote de Isis.
"¿Y qué carajo es eso?" le preguntaron los amigos al mismo tiempo que se colocaban aquello bien en la entrepierna. "Pues Isis, ostia, es una antigua diosa, de los egipcios ó de los persas (ya no me acuerdo)".Lo amigos se colocaron otra vez aquello bien, se pasaron el litro cocacola ya calentona y se miraban entre ellos como diciendo " A este tío hay que darle dos ostias".
"La representación de Isis en la tierra eran las sacerdotisas"- miradas atentas-" y la gente para poder comunicarse con la diosa tenían que tirárselas"- La cocacola calentucha cayó como una piedra de doscientos kilos al suelo. Aquello había sido demasiado fuerte. La prioridad absoluta en sus vidas en ese momento respondía únicamente a una palabra: sexo.
Alfredo Noblejas, que hasta entonces no había abierto la boca sólo para tragar líquido dijo: " yo quiero ser sacerdotisa como tú".
