Siempre fui a misa con los pies

Alfonso Peiró era un tipo solitario. Popular y con amigos, pero algo retraído, con una pizca de descastado, de desarraigado que tal vez lo hacía demasiado neutral.
Peiró entendió desde temprano -como una iluminación divina- que la vida era un camino. Un camino con final. Una única página en blanco, para pintar lo que uno quisiese.
El pensar en ello le hacía darle vueltas a a las cosas una y otra vez, no le importaba el tiempo, si obtenía el resultado correcto. Le ayudaba a disfrutar aún más del viaje, a darle valor a aquello que poseía ó que gozaba.
Pero no podía reprimir un sentimiento de tristeza.
Free counter and web stats